En el año 2036, el número de pasajeros, como muy tarde, ya se habrá duplicado. Con el aumento del tráfico aéreo, algunos aeropuertos, al borde de la congestión, se están modernizando recurriendo a la tecnología digital y a la inteligencia artificial, con el fin de mejorar el flujo de pasajeros gracias a la interacción de los propios usuarios.

 

Se proyecta que en los diez próximos años, si nada cambia, al menos 200 aeropuertos de todo el mundo serán incapaces, estructuralmente, de atender la demanda. El número de pasajeros se habrá duplicado en un contexto de aumento de las clases medias en los países emergentes, del desarrollo de las aerolíneas de bajo costo y de las conexiones aéreas.

En Europa, varios aeropuertos importantes, como el de Frankfurt o Londres Heathtrow, ya están saturados y padecen una expansión limitada por imperativos medioambientales o por falta de espacio.

La tecnología y la inteligencia artificial permitirá una mayor descongestión de las terminales aéreas. Desde el registro en línea o en terminales automáticos -ya muy expandidos- al embarque biométrico, pasando por la facturación de equipajes automática, el paso de las fronteras a través de lectura automatizada de pasaportes, hasta el aparcamiento (cuando un robot estaciona el auto), la tecnología digital persigue optimizar el flujo de pasajeros para evitar filas, absorber más viajeros y ganar espacio.

Lo único que sigue provocando congestiones y para lo que no se ha encontrado solución, por el momento, son los controles de seguridad, los Puestos de Inspección Fronterizos (PIF).

 

¿Te imaginas con un puesto de tipo túnel, que escanearía a los pasajeros y su equipaje sin necesidad de detenerlos?. Todavía estamos muy lejos de eso, a causa de la complejidad de los controles que hay que realizar pero las empresas emergentes rivalizan en imaginación y los equipos de autoservicio están presentes ya en más del 20% de los aeropuertos.

En cuanto a la movilidad, algunos aeropuertos están probando el seguimiento de pasajeros a través del teléfono inteligente. Mediante este sistema, se puede localizar al viajero y que éste reciba en tiempo real información personalizada -sobre, por ejemplo, un cambio de puerta embarque- a través de una aplicación o con sensores repartidos por el aeropuerto.

Además, la inteligencia artificial también puede aplicarse para anticipar las consecuencias de cambios meteorológicos, huelgas, atascos, obras; informando al pasajero y gestionar así mejor los flujos. Un seguimiento digital del pasajero que también puede servir para obtener ingresos suplementarios.